martes, 31 de marzo de 2015

La lectura: linealidad e hipertexto

Parece ser que, desde que se inventaron el ebook, el ipad, las tablets y todos los dispositivos que se nos ocurran, la lectura dejó de ser lineal y mutó a una modalidad hipertextual; entendiendo por esto dejar la línea y saltar por medio de enlaces a otro texto y de ese a otro y otro y otro ad infinitum.
Parece ser. Pero si alguien se atreve  a hacer de semejante parecer un juicio de hecho le recomendaría que fuera a cualquier biblioteca y consultara ese monumento pretecnológico a la hipertextualidad titulado SZ. Pero sin caer en excesos solo posibles en ese lector irrepetible llamado Roland Barthes, toda lectura, en el soporte que fuere, es, básicamente hipertextual.
El que lee -en papel o en pantalla- sigue una línea porque, como bien lo dijeron los primeros lingüistas, el signo lingüístico es lineal y no puede, por más que lo intente, dejar de serlo. Pero esa línea es puerta para todo tipo de conexiones porque de eso -y de ninguna otra cosa- se trata leer: de asociar la palabra escrita con las que guardamos en nuestra memoria de lectura, con nuestros libros leídos, con los autores que conocemos, con los estilos literarios de que disfrutamos.
Recuerdo ahora aquel texto de Borges sobre los precursores de Kafka,  esos  escritores anteriores que la literatura del escritor transformó en su prehistoria. En ese artículo, Borges conectaba el antes que desconocía el futuro de ese delgado escritor de ojos asombrados en una red invisible, pero existente. Ya sabemos que Borges es otro lector irrepetible, pero todos tejemos lazos mientras nuestros ojos se deslizan por las líneas de los renglones. Cuanto mayor sea nuestra posibilidad de leer, mayor será la cantidad de nudos hipertextuales que podamos realizar.
¿No dijo Bajtin que todo enunciado es dialógico? ¿Y no es la literatura el territorio en el que lo diálógico es condición de enunciación? ¿No se leyó siempre hipertextualmente?  ¿No son enlaces los subrayados que hicimos en los libros o las notas que escribimos con lápiz en el margen y que suelen remitirnos a otros textos, a otros puntos del mismo libro, a nuestros propios ejercicios de lectores?
Una vez, Beatriz Sarlo, cuando escribía de literatura, dijo que no existe la democracia de los textos, que cada cual llega a la lectura con las herramientas que le fue dando la vida. Deberíamos trabajar en serio para que, en papel o pantalla, nuestro chicos fuesen capaces de construir fuertes y poderosas redes con las que sumergirse en el profundo  mar de la literatura a cazar hipertextualmente la mayor cantidad de sentidos que les fuera posible.

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