martes, 28 de abril de 2015

La muerta

Lo que está es esto: el silencio.
El resto es una serie de malentendidos como hojas en una tormenta de repente.
Y una desidia que es escarcha y lluvias de agosto en medio de la calle y un bondi que se ha muerto. Habrá que caminar para alejarse preguntándose cómo es posible que el murmullo infantil sea ya esta cosa con tamaño de monstruo debajo de la cama, de la piel, de los ojos.
¿Dónde quedan los hijos, no los propios/los otros? ¿Por qué yo pienso en ellos como nadie pensó en mí, entonces, bajo la ingrata lluvia que llovía el silencio?
Hay una muerta que habla.
Ella que era siempre una niña sigue cavando fosa.
Escribo para ahuyentar sus dedos, su aliento, sus ojos desgarrados como agujas.
De un lado tanto amor,
y del mío esta nada.
Quisiera desprenderme pero llueve, y no hay nada -más allá de la muerta- que pudiera hermanarnos.
Cae la noche.
Y con ella el silencio.

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