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Mostrando entradas de mayo, 2015

Clase de costura

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Un pájaro se ha posado en el borde de las horas.
Enhebro la aguja con un hilo de sangre y la penetro en la masa compacta de la tela hasta el final.
El hilo pasa.
El pájaro se acomoda y deja salir su caja de sonidos como un torrente precipitándose hacia las hojas amarillas.
Ya no quedan más verdes, pero el pájaro suda un rocío turquesa en su pecho de fuego.
La aguja entra otra vez en la tela: emerge con su punta de acero y el hilo como una frágil vena por detrás.
Una puntada y el pájaro que canta como si solamente fuera un gorjeo de luces y de sombras, un corazón batiendo sobre la tela apresurado, un animal que cabe en un dedal.
Da unos saltos apenas, casi unos saltos, un respirar y la aguja que rasga la superficie hasta que queda su cola de algodón que pasa y vuelve y pasa y vuelve como la música del ave que se acerca y se aleja según la lleve el aire sobre las hojas doradas del otoño que no se anima a ser.
El hilo se vierte sobre la tela en pasos diminutos: saltos también de una agu…

Carta a una señorita en Marsella /4

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Mi querida Maïa:
He estado pensando que las familias tienen historias que se pasan de boca en boca. He estado pensando que estamos lejos, pero que eso no significa que vos no puedas escucharlas y aprenderlas. He estado pensando que las historias familiares son las que nos permiten elegir quiénes queremos ser  ya sea porque las creemos y repetimos o porque las rechazamos y preferimos cambiarlas. Como fuera que vos resuelvas hacer, voy a contarte lo que yo sé de  nuestra historia. Es,  como todos, un relato parcial. Tu papá, si hubiera prestado atención, habría podido completarlo; pero estuvo atento a otras cosas (y lo bien que hizo);  así que  solo sabrás lo que te diga yo. Algún día vos se lo contarás a tu manera a tus hijos y el relato de nuestra familia perdurará en el tiempo.  Los Pinasco, aunque vos no te lo puedas imaginar, venimos de un lugar que está mucho más cerca de Marsella que de Buenos Aires. Tu tatarabuelo Lorenzo Pinasco nació en Cogorno, Italia, a escasos kilómetros h…

Querido Julián

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¿Qué hacés, pibe?
No sabés lo que te estás perdiendo.
Sí, es cierto, pasaron tantos años, tantos miles de años desde que te sacaron de ese lugar y te tiraron al mar creyendo que te borraban para todos los días que quedaban en el mundo.
¿Habrás podido mirar alguna vez afuera, por esa ventanita, para olvidar que tenías tan solo dieciocho y que mis dieciséis te buscaban sin poder dar con vos?
Hoy, cuando miraba estas fotos, me imaginé que ellos nunca supusieron que, al arrojarte de ese avión, vos ibas a cubrirte de canto para volver a posarte, bajo la lluvia de hoy, y gritar, con esa voz que ahora se me antoja tan pequeña, quizá porque he alcanzado una edad en que podría ser tu madre, pero no.
¿La viste, no?
¿Viste a las madres amigas de tu madre que se murió de pena porque eran otros tiempos y nadie las oía?
¿Las viste andar por esos edificios que pudrieron tu cuerpo nuevecito?
Che, ¿eras vos, no? ¿Eras el que cantaba en la primera fila?
Lo sabía, Julián.
Siempre lo supe. Solo faltaba …

La escuela: entre la jaula y la nada

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Este enero, en Marsella, iba con Maïa por la Rue Saint-Benedict a buscar a Owotchitchi a su guardería y le pregunté: -Y hoy, ¿qué hiciste en la escuela? -Nada. No hicimos nada. Como tantas otras veces, esa respuesta me sobresalta siempre. De 8 a 16, nada. ¿Nada de nada o nada que resulte significativo entonces es lo mismo que dejar pasar las horas hasta que suene la hora de la Liberación (así con mayúscula y en Francia)? Nada. Después, preguntando un poco, la nada se había compuesto de algunas cuentas, las batallas de Napoleón y un cuento  que había leído la maestra y que la había puesto un poco triste. A esta imagen se superpone otra, en Barcelona, camino al parque Güel, por una cuesta, justo al salir de la avenida y un día sábado soleado. Una escuela, silenciosa y cerrada, con altas rejas que se doblaban perpendicularmente en una especie de jaula alta que, supongo impediría salir las pelotas en el recreo -y los niños en esas horas de nada, agrego-. Se ve que, mientras viajo, yo no puedo d…