viernes, 1 de mayo de 2015

La escuela: entre la jaula y la nada

Este enero, en Marsella, iba con Maïa por la Rue Saint-Benedict a buscar a Owotchitchi a su guardería y le pregunté:
-Y hoy, ¿qué hiciste en la escuela?
-Nada. No hicimos nada.
Como tantas otras veces, esa respuesta me sobresalta siempre. De 8 a 16, nada. ¿Nada de nada o nada que resulte significativo entonces es lo mismo que dejar pasar las horas hasta que suene la hora de la Liberación (así con mayúscula y en Francia)? Nada.
Después, preguntando un poco, la nada se había compuesto de algunas cuentas, las batallas de Napoleón y un cuento  que había leído la maestra y que la había puesto un poco triste.
A esta imagen se superpone otra, en Barcelona, camino al parque Güel, por una cuesta, justo al salir de la avenida y un día sábado soleado. Una escuela, silenciosa y cerrada, con altas rejas que se doblaban perpendicularmente en una especie de jaula alta que, supongo impediría salir las pelotas en el recreo -y los niños en esas horas de nada, agrego-.
Se ve que, mientras viajo, yo no puedo dejar de ver lo que me sostiene y me convoca: los niños, el aprendizaje y la escuela. Como si no hubiera otro paisaje para mí, vaya donde vaya.
Muchas escuelas son lugares foucaultianos de encierro, ámbitos con paredes pintadas de colores apagados, con aulas pequeñas con -a veces- alguna que otra ventana, con patios sin plantas -los niños las estropearían con sus pelotazos-, donde circular es dar vueltas como un perro para morderse la cola, en los que no se puede correr porque nos lastimaríamos ya que los pasillos son estrechos y mejor que no llueva...entonces techemos el patio porque quién aguanta a los niños si no pueden salir a los patios. 
Hay escuelas bellas, claro que sí y debe haber -supongo- ordenanzas municipales que reglen la relación entre lo descubierto y lo cubierto en sus diseños, escuelas a las que los chicos acuden gustosos, pintadas aunque solo fuera de blanco, con espacios para que dibujen en las paredes o en las baldosas o se sienten a leer al sol o corran sin que nadie los detenga. Lo sé porque la mía es una de esas. Pero son escasas.
Y si al ámbito decadente y carcelario sumamos esa sensación que los chicos tienen y que se resumen en "nada" no nos queda ni una experiencia vital para alegrarnos. 
Alguien dijo una vez que si un médico de 1700 llegara a una sala de operaciones de 2015 no sabría qué hacer; pero si lo hiciera un maestro de la misma época vería que, en incontables oportunidades, seguimos haciendo las mismas cosas, sentándonos en el mismo orden, parándonos en idénticos lugares aunque, a veces, los chicos escriban o lean en pantallas. 
Cada día estoy más convencida de que no es casual que mi cerebro conecte ambas cosas: los espacios y las actividades. Siento que deberíamos revolucionar la educación para que sea un ámbito de descubrimiento y alegría, de colores y saberes, como en aquel poema, "Tarea escolar", de Prevert:
Dos y dos son cuatro
Cuatro y cuatro ocho
Ocho y ocho dieciséis…
¡Repitan! Dice el maestro
Dos y dos son cuatro
Cuatro y cuatro ocho
Ocho y ocho dieciséis.
Pero el pájaro lira
Pasa por el cielo
El niño lo ve
El niño lo oye
El niño lo llama:
¡Sálvame
Juega conmigo
Pajarito!
Entonces el pájaro desciende
Y juega con el niño.
Dos y dos son cuatro…
¡Repitan! Dice el maestro
Y el niño juega
El pájaro juega con él…
Cuatro y cuatro ocho
Ocho y ocho dieciséis
Y dieciséis y dieciséis, ¿cuánto es?
Dieciséis y dieciséis son nada
Y mucho menos 
De ninguna manera
Treinta y dos
Y sigue la ronda.
El niño ha escondido al pájaro
En su pupitre
Y todos los niños 
escuchan su canto
y todos los niños
escuchan su música
y ocho y ocho desfilan a su vez
y cuatro y cuatro y dos y dos
desfilan a su vez
y uno y uno desfilan también.
Y el pájaro lira juega
Y el niño canta
Y el profesor grita:
¡Cuándo terminarán de hacer payasadas!
Pero los demás niños
Escuchan la música
Y las paredes de la clase
Se desploman tranquilamente.
Y los vidrios vuelven a ser arena
La tinta vuelve a ser agua
Los pupitres vuelven a ser árboles
La tiza vuelve a ser acantilado
Y el portaplumas vuelve a ser pájaro.


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