martes, 19 de mayo de 2015

Querido Julián

¿Qué hacés, pibe?
No sabés lo que te estás perdiendo.
Sí, es cierto, pasaron tantos años, tantos miles de años desde que te sacaron de ese lugar y te tiraron al mar creyendo que te borraban para todos los días que quedaban en el mundo.
¿Habrás podido mirar alguna vez afuera, por esa ventanita, para olvidar que tenías tan solo dieciocho y que mis dieciséis te buscaban sin poder dar con vos?
Hoy, cuando miraba estas fotos, me imaginé que ellos nunca supusieron que, al arrojarte de ese avión, vos ibas a cubrirte de canto para volver a posarte, bajo la lluvia de hoy, y gritar, con esa voz que ahora se me antoja tan pequeña, quizá porque he alcanzado una edad en que podría ser tu madre, pero no.
¿La viste, no?
¿Viste a las madres amigas de tu madre que se murió de pena porque eran otros tiempos y nadie las oía?
¿Las viste andar por esos edificios que pudrieron tu cuerpo nuevecito?
Che, ¿eras vos, no? ¿Eras el que cantaba en la primera fila?
Lo sabía, Julián.
Siempre lo supe. Solo faltaba que pasara el tiempo, que los pibes volvieran, que cantaran saltando como antes nosotros.
¿Viste, Julián?
No todo tiempo pasado fue mejor.
Volviste.
Nunca te vieron volar desde el avión con tus alas de pájaro y no caer.
Ahora tenés un nido donde fuiste tan muerto, tan dolorosamente matado, tan tristemente torturado de miserias.
Y ahora estás ahí, yo lo sabía desde antes, pero esperé. Quería que fuera una sorpresa.
Mañana, y pasado y todos los días en que pase con el tren, dale, asomate un poco y saludame.
Voy en el segundo vagón, me vas a reconocer tan fácil: sigo siendo tu novia de solo dieciséis.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias Julieta por publicar tu nota.

Anónimo dijo...

Acá estamos Julian .....ellos no pudieron !!!!

Marcela Cabezas dijo...

Que mezcla de dolor y caricia.
Espero te llegue este abrazo desde el corazón!

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