miércoles, 1 de julio de 2015

El horizonte

Yo, Kublai Khan, llevo ya muchos años de caminar arriba de un abismo, de ver las piedras como dagas con sus puntas de vidrio y seguir, de hilar una sangre tortuosa que pone el corazón como una oscura fiera encima de la mano, de pensar que ahora me asaltará la muerte en medio de mi vientre y barrerá con todo dejándome perdida en medio de un desierto hecho de sal y fuegos. Y sin embargo he andado un día y otro día y uno más, casi arrastrando un cuerpo que ya no tiene ni siquiera una sombra con que ampararse en las tardes sedientas. He andado porque supe, intuí, lo soñé, que hay un horizonte donde crecen dos álamos de plata y allí estarán aquellos que he amado para abrazarme y compensar las penas con que anduve cargando los años de la vida que me tocó arrastrarme solo para llegar y ver que hay un círculo de agua en donde hacen abluciones las alondras y yo estaré allí para mojar lo que quede del cuerpo. Después.

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