sábado, 31 de octubre de 2015

De los sueños y las casas

¿Qué es un sueño? En principio algo íntimo, personal. Yo sueño, por ejemplo, con comprar un terreno y levantar una casita, pequeña; pero que tenga un patio o un jardín diminuto y enormes ventanas por donde pase el sol. Algo modesto, se entiende; pero que pueda dejar como legado. Ese es mi sueño. 
Y para que sus sueños se hagan realidad (porque de eso se trata) una hace unos números, consulta, diseña, planifica, piensa en las horas y las trabaja sin prisa y sin pausa porque los padres le enseñaron la fuerza del esfuerzo aunque, en este caso, se trate de trabajo intangible, falto de materialidad, pero que conlleva sus horas de cansancio (como todo trabajo).
Pero esa es tan solo la quintita de una, el sueño privado, si se quiere. Para que haya esa casa, el sueño ha de ser colectivo, inserto en otros sueños, plantado en una tierra en la que todos podamos esforzarnos para alcanzar la casa, el pan, el pupitre en la escuela, la vacuna en el brazo. 
Y yo venía andando, digamos que tenía los metros cuadrados del jardín, un par de ventanitas, la puerta, los grifos, los lavabos. Ahora espero con la bronca que llegue el 22 para pensar si mi sueño se queda con baldosa y media o puedo pasar a imaginar el cuarto, el comedor y un patio.
Nada es más simple de pensar que una pequeña casa que vivía en mi alma.
Nada es más simple de pensar que millones de libros que viajaron a manos de unos niños que, por primera vez, leyeron los sueños que encierran las palabras.
Nada es más simple de pensar que una computadora prendida en medio de la pampa, la puna, la selva, la quebrada.
Nada es más simple de pensar que un sueño personal, pero anclado en el sueño de todos, remontando en el cielo. 

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