Él


Habla, pero las palabras son trajes de otros donde no se revela su sustancia y pasa su carnadura sin que una pueda observar qué queda en el cedazo.
Es esquivo y se ríe ocultando qué cosa lo estremece, de qué forma se dobla su historia de selvas y trofeos, cómo sabe el sendero que conduce a su alma.
A veces, sólo a veces, su corazón le asoma por los ojos y los verbos se llenan de caricias antiguas, de reclamos de niño, de ternuras pretéritas.
Entonces crece el amor como una planta de raíces profusas, de humedades y soles, de hojas verdinuevas, de frutos sempiternos.
Crece el amor y es sombra suficiente aunque se haga la noche y él rechace los fungibles vocablos por otros que sean solo suyos, pertenencia de leones que rugen en la jungla del presente limando los barrotes del pasado.

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