jueves, 24 de diciembre de 2015

Clara Anahí, la Muerte y el nido de los pájaros

Era la Muerte un hombre ensangrentado, con charreteras y uniforme verde. Clara Anahí no podía saberlo: en su pequeño mundo de leche y de sueños había una mamá que sonreía, una papá alto y flaco, uno que otro tío y una abuela de lentes. No podía saberlo cuando volaron su casa por el aire y Diana la cubría con su alma. No podía saberlo cuando la Muerte se la llevaba en andas. Buenas noches, dijo la Muerte, acá yo soy la dueña del destino: digo y desdigo, hago y decido. Y Clara Anahí se perdió para siempre, en el tiempo y en todos los espacios. A Diana la mataron aquel día terrible de noviembre , a su papá Daniel unos meses más tarde. Y Clara se perdía: ella deseaba regresar a su casa, pero la Muerte se fue comiendo las migas que su abuela le puso mientras decía que es por acá, Clara, es por acá. Y Clara se perdía en su mundo de leche y de sueños. Sin embargo, en el árbol donde anidan los pájaros de los recuerdos, ese que a veces no sabemos ni dónde lo dejamos, había un pájaro papá de anteojos que la seguía llamando es por acá, Clara, es por acá. El pájaro y su pájara mamá de dientes que sonreían habían hecho un nido en una rama. La llamaban y Clara los oía, pero en los sueños las ramas estaban alejadas. Por más que se estiraba no podía tocarlas,  oía los cantos de sus pájaros es por acá, Clara, es por acá y no llegaba. Y un buen día la Muerte se murió entre banderas y mujeres que dieron tantas rondas que volaban campanas, estrellitas y todos las seguían de festejo en festejo: 1, 2, 3, 87, 114, 118, 119. Y Clara, que ya no era una niña de leche y de sueños, un día vio una miga, ya dura de 39 años, y se la puso de pronto en el bolsillo. Y entonces creció tanto que alcanzó la rama esa del nido de sus pájaros y regresó a la casa donde el amor de su abuela todavía esperaba. Y supo que la Muerte ya no estaba con ella: todo fue alegría, abrazos, despertares, recuerdos que volvían, perfumes de bebé al borde de su cuna, una canción perdida y un pueblo que reía porque era el festejo 120 de los que andan zurciendo con su vida la muerte que otros desparraman: los buenos, los que vienen detrás reconstruyendo.  

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