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Mostrando entradas de 2016

Una media corrida

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La invité a tomar el té. Correspondía.
Vino puntual. A las 17.  Ni un minuto antes ni uno después, tocó el timbre y acá estamos, sentadas en sillones de terciopelo, a uno y otro lado de la mesa vidriada repleta de comida que nadie toca y que, con el correr de los minutos, va ajándose justo a la altura de nuestras rodillas. Hablamos de cosas intrascendentes: la humedad, el clima, los viajes de verano. Ella tiene corrida la media. Sabe que la he visto porque intenta bajarse la falda demasiado corta que se ha puesto para impresionar no sé a quién. Acá estamos ella y yo; y a mí no me conmueven, especialmente, los muslos cortos y gruesos de mi invitada a tomar el té. Pero no puedo quitar los ojos de su media corrida: un agujero imperceptible arriba de la rótula que se pierde en una carrera hasta desaparecer debajo de la falda color marfil. Ella y yo sabemos por qué estamos tomando el té, acá, esta tarde de viento que ha comenzado a ponerse gris. Ahora intenta ocultar la corrida hablándome…

Perra

Doy vueltas como si fuera perra hasta hallar un lugar que sea confortable a mi memoria, un lugar para la hostilidad de un año que se acaba. Y mi girar canino me deja debajo de una lluvia que empezó hace rato y no cesa: sigue cayendo helada en mi alma de perra que vaga por las calles buscando un hueso donde poder quedarse, deseando un techo para sus patas peladas por las calles. Soy una perra solitaria y desnuda debajo de la lluvia. Tengo partida el alma: cosida a machetazos. Aúllo en los rincones para que nadie sepa, pero la calle es larga, interminable y otra. Y el horizonte, una tangente por la que nadie escapa.

Especulación

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La gota que baila en la cuerda tiene dos caminos:
o se sostiene
                             o se deja caer.
Toda otra posibilidad es especulación que anula los sentidos.
Y la gota los necesita
para mantener su tensión superficial o conseguir volar.
Siempre es así de simple:
el asunto es cuando a la gota se le da por especular.
En esos casos, la conclusión es una:
gota que especula se atormenta con mucha facilidad

Otro pájaro

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Escucho corazón en corazón
y la belleza queda adentro del vuelo del cristal.
Hay que barrer la vida y volver a las cosas de siempre: la mesa puesta, el mantel extendido, la hora de llegada, el silencio con que comienza el día, alborotado de cantos y de luces.
Escucho corazón
y mi mano dibuja otro pájaro con su pico repleto de palabras que traza una línea en lo blanco del cielo.
Escucho corazón en corazón por sobre corazón
y me late la sangre de los ojos que es pájaro de vuelo quebradizo
y una llave de oro con que abrir el futuro,
que ya el pasado se gastó de puro invierno.

La igualdad de las cosas

Siempre han sido iguales las cosas. Simplemente se trataba de mis ojos embelleciéndolas al mirar. ¿Era eso, no? ¿Era la forma de mirar que no tiene regresos y nos llena de temor como si fuésemos niños que conocemos la respuesta que nos darán, aún antes de preguntar? Se trataba de mis ojos, entonces. Las cosas siempre han sido eso: cosas. Y han estado allí para que mi mirada las fuera anudando en el hilo de una posible significación. Era el sentido que todo lo reúne de manera caprichosa y estremecedora; definitiva y medular. Respiro con la certeza profunda de que ahora abriré los ojos y el mundo seguirá allí, con sus cosas iguales y yo, con mis ojos para mirar, sorprendida  por el estupor de la conmiseración, pero sabiendo que la pregunta no está en las cosas sino en mi forma de mirar.

La herida de lo faltante

En la mañana, silba a un lado y otro de los pájaros para que la verdad haga su nido y regrese la hermosura por debajo de todo mal. 
Va por la casa persiguiendo el perfume del tomillo para cubrirse la herida de lo faltante y descansar. Sabe que, en espacios pequeños, entre los brazos, casi es seguro que pueda sonreír. 
Pero conoce que, en los regresos, siempre habita el temor.

La escuela de las hadas

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Cuando yo era una niña  quería ser Cordelia y haber nacido del huevo azul de una golondrina o del agua de una fuente que hubiera oído cantar a los niños... me llenaba de esperanza saber que cualquier niña podía llegar a serlo, que solo hacía falta un poco de suerte y un corazón bien puesto. Como lo primero -la suerte, digo- no me venía siendo favorable; me empeñé en el asunto del corazón bien puesto, es decir, del lado izquierdo, algo centrado y latiendo a ritmo. Hay que decir que las hadas como Cordelia hablan y su voz baja por los tallos de las flores, corre de una raíz a otra y se desgarra en enredaderas de campanillas azules que solo ellas oyen. El mundo, vivido así, con boca y ojos de hada, es un sitio inhóspito que nunca está a la altura de semejantes feéricas expectativas. Pero he insistido y, curiosamente, cuanto más aprendí a ser hada, más supe rodearme de gente de delicados gestos de belleza. Como una cinta suave, sus miradas me envuelven y me arropan en las noches de lluvi…

La verdad

Como una hoja fría se ha limpiado la herida. Ahora mana una sangre roja, una sangre que duele en el tajo abierto de la carne, una sangre que me moja la boca y tiñe mis palabras. Cierro los ojos para apartar imágenes de fuego que giran en el amanecer que entra por los vidrios. No hay reescrituras. Estoy desnuda y sangro. Es una sangre roja. Es una sangre limpia. Con las piernas inmersas en la tierra, despliego mis raíces. La verdad no tiene sustitutos: es una hoja fría, es un filo de oxígeno brillando con su pulso en la tormenta. Y sangro, mientras me río con burbujas de luces que rompen el curso de las lágrimas. Hay pájaros volando entre mis muslos largos. Son unas aves blancas y se tiñen de sangre.

Panadero

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Renacen los panes que habíamos perdido en no sé ya qué mesa en que las palabras había levado de manera imperfecta y defectuosa. Un poco más o menos de sal arruinó la cosecha y no había manera de que el cuchillo entrara en la materia para sanarla un poco. Entonces vi tus manos en el plato , mover con sutileza las harinas, esperar el instante en que el vapor consume la humedad en fragancia. Viniste con tu luz encerrada en una linterna pequeñita a ver cómo iba todo en ese calor que era un mundo entero. Y yo quería hablar, porque los verbos me alivian el sustento; pero había silencio y la harina levaba su carne de pureza dormida. El tiempo: ese brujo que teje o que desteje y que iba cosiendo tus panes y mi boca, esto que era la casa en que habíamos resuelto que vivíamos: una pequeña capa crocante por arriba y una miga suavísima, de granos diminutos donde el mundo movía su rito hospitalario. Un colibrí volaba de tus ojos al cielo y volvía a traerme un tendal de abrazos que yo iba enjuagan…

Palabras (1)/ La lengua del malón

Opaco: Ponele tres millones de estrellas mirándolo y no, no te refleja ni la milésima parte del brillo de media. Nada que hacer. Opacidad: Una sensación, apenas. Una lucidez que no se define y va. Depende de su propia densidad para que la luz se abra paso con fuerza o tal vez con libertad o quede atrapada en su propia maraña de moléculas. Así, como si fuera un ópalo cuya constitución de agua varía y el agua es ese espejo de la luz. Más luminoso ahora que empieza a amanecer.
Brindemos por los sustantivos abstractos para que de una vez por todas y en este instante le den muerte a todos los adjetivos que se empeñan en fosilizar con la calificación

Madre (2)/ Rebelde me puse después

Ella me ponía una caja en las manos, abría la puerta y me mandaba a la farmacia. Yo ponía mi mano en el picaporte, y, al entrar, le decía a la farmacéutica que venía a aplicarme una inyección. La mujer me hacía pasar, me acostaba en la camilla y me bajaba el calzón blanco. Me pinchaba con una aguja descomunal, yo le pagaba y volvía a la casa rengueando de dolor.
(Nunca recordé esto hasta que mi madre lo contó en una mesa donde tomábamos un té. Mirándome fijo agregó: "A los tres años eras una hija muy obediente. Rebelde te pusiste después).

La infancia es una estepa brumosa en la que los lobos siguen aullando aunque me tape los oídos. Desde entonces evito las agujas como quien huye de la peste que hace caer trozos de cielo azul. A veces me encierro a llorar en el baño por lo que fui obligada a transitar sin una mano de donde tomarme para saltar. En las noches oscuras del desamparo adulto vuelvo a creer que las pesadillas están ahí, clavadas en la tundra helada de los pocos años. A…

Madre (1) /Espera

Llevo una vida
esperando.
Hace dos años que mi madre ha muerto
y yo espero
lo que nunca tuve:
su mano acariciando uno por uno mis cabellos hasta dejarme dormida.

Cerca/Muñeca de papel/

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Cruzo el encaje de papel.
Apenas.
Casi.
Detrás del aire
ella respira.
Veo su corazón incandescente
como una flor dormida en toda oscuridad.
Cruzo las llamas.
Ella me mira.
Veo sus ojos transparentes
como animales nadando en los ríos.
Cruzo las piedras.
Apenas.
Casi.
Detrás del cielo.
Veo su pelo de noche repentina.
Cruzo los sueños desvelados
los sueños que fosforecen con estrellas
los sueños con palabras encerradas.
Y yo me quedo acá
tan cerca como puedo.
Apenas.
Casi.
Pero acá.

Curso desnudo

Seguir el curso desnudo de la letra,
perder el recoveco  y hallarlo unos instantes más abajo,
mojar la pluma en esa tinta de sí que no conoce,
mezclar los sustantivos del deseo,
uno por uno
y en alfabeto extraño.
La página en blanco volcada de la sábana:
agua de rito, celebración y cántico olvidado;
la pierna extensa donde se muta el alma por un roce;
lo que se fue hilando la fiebre del momento;
lo que vendrá con el amanecer en que se frota el mundo y aparece.
Ahora: pensamiento imposible que te cubre.
Ahora.
Otro compás de espera
mientras mi cuerpo te escribe y te nombra.

Un viaje: -101 días

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Ella extiende el mapa: una pantalla que titila y pone imprimir. Ahora apoya el papel en la mesa y piensa . Todo empieza siempre en París -de una u otra manera- hay allí una especie de ombligo del viaje que no puede eludir. Y luego un tren, como no podía dejar de ser. Ve una valija magenta, la Gare de Lyon y tres horas hasta Saint-Charles. Llegar, abrazar, besar, abrazar, volver a besar y caminar por las callecitas hasta Saint-Hilarie. Después será visitar Saint-Cannat, y la mesa tendida el 31 con esa parte armenia de mi familia con la que seré feliz. ¿Y después? ¿Qué viene despues?, piensa ella. ¿Buscar la belleza de los relatos en las calles? ¿Caminar por las calles originarias de Génova con una niña a la que debe transmitir la herencia de una palabra que a veces se diluye? ¿Ver a Jorge Luis en Ginebra y leerle algún poema para que me recuerde? ¿O seguir la huella de un rey en Aquisgran? ¿Subir al Mont-Saint Michel cuando la marea baje? ¿Internarse en las calles de Bruselas y las de…

Un viaje: -104 días

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Viajar: salir de sí.
Dejar atrás las tazas conocidas en la mesa, los saleros cascados en el borde preciso, las fuentes, los armarios...
Dejar atrás la luz que entra en el cuarto a las 11:37, el doblez de la sábana, la voz que dobla en ángulo , la parra que se cae de madura.
Dejar atrás ir y venir cruzando la ciudad, los libros que no tienen lugar donde guardarse y crecen como plantas en un bosque lluvioso.
Dejar atrás la circunstancia en que nos ahogamos a cierta hora precisa de estos días.
Ir hacia otros colores, diferentes aromas, ignotas tierras, desconocidos mares.
Ir hacia días helados para buscar la huella de quién sabe qué cosa.
Ir hacia niños (actuales o pasados) que aguardan los abrazos y los besos.
Ir hacia viejas ciudades de nombres luminosos y en cada parada esperar otro recuerdo que quiere construirse, otras palabras.
Viajar: un periplo de días en que se sale solo para volver a hacerse y regresar distinta: más rica de imágenes, de aire, de lenguajes.
Viajar: un dibujo de fuego labr…

Esas otras que ya no puedo ser

En otro lugar, a esta hora, el sol está cayendo entre mis manos.
Allí son apenas las siete de la tarde y el espectáculo del mundo es amarillo sobre un borde de agua.
En ese mismo sitio, mi corazón palpita como un pájaro que canta
y hablo en otra lengua el verso de otro amor que no conozco.
Mi voz es una suave música de tonos prolongados
y allí mis piernas huyen despacio -no como aquí que corro sin descanso-.
En ese otro sitio ya no tengo impaciencias; pero me habita una misma nostalgia que teje idénticos dolores.
No hay nada que termine en ese otro allí.
Muda, mi boca suspira entre los dientes
y el mar es agua tan profunda que estremece.
Hay fuegos en las islas lejanas
y abriga a la distancia una cadencia de primaveras otras.
A veces tengo ganas de llorar, como ahora y aquí:
ha de ser la azul melancolía de todas las mujeres que ya no puedo ser: la bella,  la dura, la cuerda, la de curvas sinuosas, la generosa, la dulce, la que nunca se asusta, la que no escribe nunca, la silenciosa.
H…

No te condenaré al silencio

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Porque las palabras son colibríes que flotan sobre el perdón y arrastran los fragmentos de la inquietud entre vacío y vacío, no te condenaré al silencio. No sé aún el color exacto de lo que se percibe y nos acerca y nos aleja; pero hablamos y las letras brillan en la pantalla con su canto de sombras. Los restos quedan vagando en lo inefable, lo que no nos decimos y el punto agudo en que la belleza nos debilita y nos hace llorar. Transito por vestíbulos que desconozco y me queman mientras la luz muta en la naturaleza de un nuevo conocimiento hacia el cual no sé si deseo avanzar. Pequeñas partículas de brisa fresca, piedras amanecidas y pegoteadas de preguntas  no me dejan dormir. Antes o después iré caminando hacia los grillos de la noche y ellos me hablarán con esa voz densa que existe en otra realidad. Una parte me desconoce y otra me acepta como cree que soy. Hay una boca que me nombra y me toman el alma los fantasmas antiguos del temor. Lo demás transcurre solo en el ámbito cerrad…

Te digo que es amor

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He tendido la cama con sábanas que vuelan, pero no me he ido con ellas por los cielos como aquella Remedios: simplemente por la ventana abierta entra el sol a posarse en el cuerpo fragante de los besos: resurrección de todas las abejas del amor. El jardín se ha lanzado de lleno por los vidrios abiertos y trae sus mensajes de hilos tempranísimos. Mejor estar de este lado del mundo en el que alcanza con todo lo que hay: un pan haciéndose de a dos, la película fallada pero vista, los cuerpos anudados en el abrigo del tramo de la vida, la pura luz del sol. No terminamos de barrer, es cierto; pero resuena la risa como un canto y la esperanza es una boca hambrienta que ya no quiere más dolor. Los colibríes llegarán las próximas semanas y entrarán por los postigos con sus fuegos de vuelos suspendidos y su aletear propiciador de brisas. Cambiémonos las ropas, las manos, las palabras. Digamos que el instante oscuro se ha ido con el viento, que el camino incesante ya no quiere volver. La tierr…

La ventaja de las tazas rotas

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Si alguien te regala una taza, entera y perfecta, con su asa correspondiente y su porcelana intacta te habrás conseguido un problema: velar por que la taza -seguramente con grabados azules- no se rompa. Será tanta la belleza de tu taza que estarás a cada segundo cuidando que permanezca intacta en su esplendor inmaculado. Tu vida se volcará adentro de esa taza, girará en el borde de su boca para que continúe siempre y desconfiarás hasta del golpe de aire que te permite estar viva por miedo a que desaparezca para siempre.
Pero si, en cambio, tenés entre las manos los pedazos de lo que ha sido una taza completa, no te queda más que la felicidad por delante. De los trozos de algo roto, con paciencia y esfuerzo, puede volver a armarse algo a lo que seguramente le falte el asa y desnude sus grietas. Los líquidos gotearán por las rendijas que no han quedado bien soldadas, los grabados no encajarán el uno con el otro, la porcelana tendrá máculas y huellas. Pero habrás hecho de los restos una…

Pura barbarie pura

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En todas partes furia.
En todas partes un alma que se arroja a la fragua.
Pura barbarie pura
con las crenchas ardidas y las lanzas en llamas.
Arriba una sonrisa
y la baba que lame como ácido puro.
Los días son muy largos
y en todas partes rabia.
Cuando no quede nada yo tendré tu candado
y clamarás como fruta podrida,
pero estará tomada la casa desde entonces
y la llave,
ya todos lo sabemos,
ha quedado perdida en una alcantarilla.
Ciertos dolores no tienen ni palabras:
solo aúllan los lobos/ otros fundan ciudades.
No habrá ya más azares en tu cuerpo dañado.
Tengo la espada que pende sobre el cielo.
Desastre de este día será la muerte opípara.
En todas partes furia.
Pura barbarie pura.
Solo espera el silencio.
Y el malón que ya avanza.

Viento lejano

Lo que era por decir quedó en el miedo puro.
Después ya no se supo cómo era  la luz que había habido,
ni cómo la impostura de ese beso
ni la cuajada pregunta irreverente.
Larga la noche para beber dos tragos
y ninguna palabra:
solo un viejo mercado de gestos deslucidos
y un temor como fuego quemando la garganta.
La mano contra el vidrio para sentir el frío
y la herida profunda del disfraz repetido.
Alguien arrugó despacio los dobleces del cielo
y todo fue ceniza
que se llevó aquel viento lejano.

Letra pequeña

Como si fuera frágil, como si fuera una piedra en medio de la mano que se besa, como si fuera abrigo e intemperie, como si fuera calor superpuesto en el cristal que refleja mi rostro, como si fuera el mundo que ahora tenemos que limpiar de todos los huevos que fueron dejando las serpientes, como si fuera espejo roto y siete años de dicha sostenida, como si fuera ahora el miedo de la entrega, el peligro y la calma.  Yo te daré el corazón de todas y cada una de las frutas, un pájaro de plumas verdinegras, el alba que se estrena detrás de la ventana, la alquimia de mis sábanas, la maravilla que mira mi mirada, los platos de nenúfares del estanque que hizo nuestra risa, la fiesta de dulzuras que sale cada vez que mis manos se extienden, la estrella inalcanzable que nos quema, el colibrí que vuela con ritmo sostenido porque si no se cae.  Nuestra letra pequeña es como el agua que siempre corre hacia adelante, que vuela de boca a boca con sus peces de plata, que trae los guijarros que last…

Fibonacci spiral

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Dejar caer/
Estrellar en el suelo/
Estallar en el aire/
Resbalarlo apenas/
Deslizarlo de golpe/
Un simple empujoncito de atención/

Entre todas las formas sutiles de la mano que se abre y el vacío
los ojos que no saben mirar el paisaje abismal del dolor
ni transformar el velo invisible de la (de)sola(ción).

Aupar/
Recoger/
Amparar/
Deslastimar/
Almar otra vez el amor
para que sea ojo/ concavidad de mano/ estero de fragancia/ potencia de espiral
vida que bulle y sangra, sí;
pero que sigue latiendo más allá.

Soy un animal

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No hay que dejarse ir más allá del borde de donde una pueda sostenerse  porque caer es un vuelo irremontable hacia abajo  donde habitan las fieras de zarpas taciturnas y oscurísimas.  Tengo el cuerpo a pedazos perdidos y lejanos,  y el alma volando sin que sepa su rumbo.  Tengo las piernas quebradas  y las manos dormidas e impuras en su suerte.  Y pienso con lo poco que queda en mi cabeza  que soy un animal que avanza entre las sombras,  espantando con llanto  los miedos humillantes,  los mordiscos de vidrio,  el horror del recuerdo,  las escenas temidas.  Animal de costumbres erradas que golpea las puertas  y el destino contesta que siga y siga y siga aunque ya no me quede carne ni peso ni sueño ni apetito  aunque me sumerja en el agua  y grite hasta que se deshagan las burbujas  y algún viento me lleve,  lejana como un pájaro en vuelo visto desde los suelos.  Me queda tan solo la escritura  a la que entro desnuda como un pez en el agua  para salir rasgada  con la piel supurante y h…

El acto justiciero/

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Otra potencia el alma se suaviza.
El corazón se acuna en su espiral de pieles.
Crece la vida en el círculo perfecto de dos brazos
mientras los pájaros conversan.
Cae la lluvia en su versión de luna:
moja los pliegues donde hace su tarea;
y el amor dice que no es en la cabeza
sino en la piel donde sucede el acto justiciero.
Sabe callar la boca haciendo su camino,
y se detiene el aire en el último grito apenas arrancado.
Soy alumna del mar,
del agua que se rompe,
del río derramado,
del cuerpo que se entrega,
del corazón cuajado en una copa,
de los túneles en sábanas implícitas.
Un roce no es una palabra: espera que lo viaje llevándolo hacia el borde
y lo llevo:
yo llevo los suspiros que te escribo en el dorso de tu único nombre.
Es de pura justicia;
porque el amor es eso: un tiempo de tormentos y otro de luz enceguecida y terca y sostenida.
Nadie puede decirme cómo se nada en medio de la lluvia.
Que no acabe el sin fin de la belleza y dure para siempre: imperfecto y rengo -que así suel…

Voy a acabarte, Muerte

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Yo voy a derrotarte, Muerte.
No me importa el disfraz que te pongas
ni los pájaros que canten para distraerme.
Voy a clavarte varias veces mi risa
para que sangres de pena y de dolor.
Voy a empaparte con el fulgor de mis ojos
aunque me hagas llorar cada mañana.
Voy a subir por las paredes del amor
y desde arriba voy a llover en piedras sobre vos.
Sos un animal con las fauces abiertas,
una tremenda ramera de las más pérfidas y estúpidas
y en mi casa -la del alma de adentro- no cabe tu miseria.
Voy a matarte, Muerte.
Me sobra sol para cegarte,
me sobra alas para volarte la cabeza
y ver tu cráneo dispararse a la nada,
me sobra cuerpo para ponerlo
y liberar el deseo de estar viva.
Voy a acabarte, Muerte.
Ya vas a ver.
Tengo un furor dispuesto a destrozar tu sombra de palabras,
de ojos que no cierran,
de carne que no entrega la dicha del sexo y el deseo.
Y cuando te hayas ido,
cuando de vos no quede nada,
cuando tus cuervos sean retazos de silencio,
crecerá en mí un árbol con manzanas de …

Esa fragilidad

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Esa fragilidad:
La cicatriz amarga de la puerta cerrada.
El mundo murmurado de la pena.
El dedo que señala.
Esta isla de fuego que no logro apagar.
Los espantos que llevo adonde fuera.
Los pájaros que cantan en mi boca.
Los álamos a la orilla de un río que está seco.
La madera del tiempo que se pudre.
Esa fragilidad.

Bonjour, Oliverio (V)

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Estimado Oliverio:
Mucho hace que no le escribía. Meses, años o siglos, según nos pasa el tiempo. A esta altura, la medida para dimensionar el silencio es estéril y frívola. Ya sabe usted que a mí los segundos se me pasan siendo otra mujer y otra y otra más. El amor también muta con la misma rapidez: a veces es distancia inconmensurable y otras, un espacio tan ínfimo que apenas cabe una hoja de papel entre piel y piel. Ya sabe usted que suelo poner losas sobra mi corazón, pero la sangre caliente late y se escapa para formar ríos donde los pájaros cantan para nutrir el sol de mi exilio interior. De mis múltiples yos que vuelan por allí cada mañana cuando todos duermen he aprendido varias cosas: que mi vida es víspera de usted que brilla en el regreso de la tarde cuando viajo por el cielo gris del invierno hacia casa y empujo la puerta con la furia de mi día, dispuesta a deshacerla entre las alas que me asoman debajo del abrigo. Ya sabe usted que, a veces, voy por su amor tomada de la …

Aniversario

Con la carne hecha carney la noche al ras de las rodillas,  con las perlas de los recuerdos y el soberano antojo de la luna en los árboles reclamo un nuevo año para mi vida ida.  Un año.  Que los peces naveguen por mis ojos en pos de mis mejillas,  que mi piel sea voz de mi espejo y me olvide de todas las heridas que me hice y vea el mar como un agua que me crezca salada y de repente y peine mis cabellos con mis dedos y  salga entre breteles y presillas a desnudar de encajes mis delicadas manos,  A ver esos puntos de luz que llevo entre los ojos. Un año en que me sepa mía y  aleje torbellinos de palabras idiotas, de imbéciles historias que no terminan nunca (No hay un buen relato si el final no apabulla). Un año donde se curen el tiempo, los pliegues, las hendijas y que se venga todo abajo, se estrelle contra el suelo para siempre.  Yo, con mis trozos, ya sé cómo nacer en otra lengua y  nombrarme de nuevo renacida en la pila bautismal de mis rezos.

A la vuelta de la esquina

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A la vuelta de la esquina puede haber:
un pájaro que enfrentó la tempestad y está volando,
un sol de invierno para dorar la noche,
un pez que nada entre los dedos fríos,
unos ojos mojados de tristeza,
letras negras incrustadas en mi rojo corazón,
un amor inapagable como la vela que arde sin cesar desde las diez,
la dulce oscuridad de una noche dormida,
el olor de la comida que se hace lenta como la lluvia,
un animal indómito en medio de los ojos,
la vereda de enfrente,
el óxido de hierro y su dulzor a beso mordido entre los labios,
mi alma que se ha ido en un vuelo,
la luz que tiene adentro mi ternura,
la belleza del mundo que se hace en nuestras manos, pese a todo,
las cartas que los temblores jamás terminarán,
los hilos que yo tiendo para crecer al sol,
los brillos de tiniebla en que me escondo,
la niña en que me pierdo,
los azules dulzores que me esperan...
Todo a la vuelta de la esquina.
Solo hay que abrir la piel y ver.

Fotografía: Sebastián Miquel

Decir no

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Cada cual a su tiempo podrá decir que no.
Buscará el hilo pequeño del que tirar
y saldrán
las palomas que estuvieron dormidas,
los ríos amarillos,
los roperos y el agua,
la luz de los pasados,
los sobres con las cartas que no fueron,
los vestidos bordados,
las sillas arruinadas,
las estaciones donde quedaron sin dueño las maletas,
las ollas carcomidas de los días con hambre,
los libros olvidados debajo de la lluvia,
los lápices sin punta,
los faroles brillantes en medio de las noches del frío,
la soledad y el miedo,
las lágrimas y el grito,
los pesados postigos,
las vigas del silencio.
Y entonces sí se podrá andar: es increíble el espacio que ocupan las cosas tan dejadas.
Decir que no.
Y el camino -como fuera- continuará.
Porque todo en la vida continúa, sigue su rumbo
y otra vez vuelve a salir el sol para caer.
Solo hay que hallar el hilo.
Y tirar.
Con la seguridad de quien desea una vida prolongada de amor debajo de ese sol.

Desaparecidos

Todo este puto día pensé en tu polera negra y mi desconsuelo, en la soledad raída de mis manos aquellas madrugadas en el campo en las que no podía volver a dormir y pensaba la furia que se comía de a pedazos mi pobre corazón inexplicable. Pensé en la fuente de huevos fritos de la tía Elaine y mi estómago cerrado en un puño, en el terrible dolor de no entender qué era lo que había sucedido, qué hacía yo -de solo dieciséis- en ese pueblo de cuatro calles que no tenía cura los trescientos sesenta y cinco días más ingratos de mi vida. Pensé en la palabra que me habitaba como una morada por donde todavía podía desplazarme mientras mi cuerpo se hacía más liviano y se fijaba en la noche como vientre de piedra. pensé en mi destierro como una paria, sin amigos, sin familia, apartada de todo y de todos. La vida siempre es el recuerdo de esa víspera, de ese territorio en que nos hirieron y fuimos fuertes para penar la herida. Y yo entonces no podía y lo pensé todo este puto día en que me parecía…

Que me alcancen los perros

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Voy a abrirme el vientre a dentelladas Para poder hurgarlo con mis dedos Y hallar el sitio de tanta podredumbre.  Voy a quebrarme de a uno los tobillos Para quedar inmóvil Y que me alcancen de una vez para siempre Los perros y que rieguen mi sangre por el suelo Para que nada crezca en la tierra que piso Para que nada quede del aire que respiro Y que venga la muerte que ya no tenga ojos Y esté muda y dormida Y se lleve consigo la noche de mis tiempos. 

Vencer la muerte

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Como para que se queme la tristeza y el vivo amor circule entre las pieles nos vamos con los huesos a otra parte para que nuestros animales se estiren bajo el sol y abracen la textura de sus carnes, salvajes en la sopa de sus risas donde te miro y me mirás y se escribe en la boca que hay un camino allí, al centro, que tira la tristeza adonde arde el fuego y crepita sin dejarnos dormir. Otra vez has prendido la belleza con tu mano en el canto delgado de mi vientre y crecen las semillas que guardábamos para las noches de invierno en que crecieran mariposas, noches de estrellas sobre los húmedos corazones que se encienden y la laten. En el frío nocturno una pequeña golondrina trae un pico de besos y estira su dulce cabellera en tu boca de sombras. Vivir nos cubre de frescas maravillas y amamos cambiar el día y comenzar. Lavamos las tristezas con los ojos: te miro, me mirás y los pájaros de la alegría revolotean y quiero que me acabes para empezar de nuevo y decir que la tristeza se va y…

Hay una patria que cose

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Oscura y desasida hay una patria que cose tres palabras para hacerlas volar.
Dicen que el 9 sale un sol como limón prendido del celeste.
Y ella cose con la barriga llena de recuerdos:
Castelli y su lengua de trapo.
Moreno nadando en el océano helado del amor.
Belgrano como una turquesa junto al río.
Juana que es tigre y mariposa.
José, el de las altas cumbres.
Martín Miguel en montonera.
Rodolfo y su carta de fiebre.
Eva en el tren de Los Toldos.
Julián que hirió la vida y cayó de un avión.
Tosco reventando los tímpanos del mundo.
Estela con su espuma de peces.
Y la rabia que siempre fue de todos y de nadie.
Y la vida que hicimos cuando pudimos juntar las manos en la calle.
La patria cose con dedos afiebrados tres palabras.
Y el hilo es largo y zurce los pedazos que tenemos colgando por ahí.
Tres palabras.
El futuro es un poco de sombra en estos años, pero los pibes miran y se ríen.
¿Por qué será que los niños pueden reír contra la furia del mundo y nosotros ya no?
Nosotros no vinimo…

Tercer semestre/ Hubo un país

Entre respirar y respirar he perdido la esperanza en que el año se termine de una buena vez.
Hace frío en la casa y contamos los metros cúbicos del gas que no vemos mientras la piel se eriza y también es de frío.
Algunos llorar su padecer con lágrimas de hambre.
A nosotros todavía nos faltan unos semestres más para llegar ahí: al hueso del espanto, al vacío de los ojos que llevan semanas sin comer.
Soñamos sueños que se han muerto y por suerte tenemos nuestro amor que es una isla de resistencia donde vivir.
Los monstruos de la noche comenzaron sus recorridos de golpe y hacha, y no se van
Yo amo con furia y con dulzura y me río con la sonrisa triste que recuerda el impacto de aquellos cuerpos cayendo por las aguas, de aquellos niños que no supieron nunca escribir el nombre de mamá.
Ahora contamos gas y agua,
y nos miramos sin entender qué sucedió.
Hubo un país: el amor encendía su fogata de viento en cada esquina.
Ahora rondan las hordas destrozando las cenizas de lo que ya no es.
Yo s…

Ese nido de luz

Celebraré el instante en que las sombras se mojaron y fue la víspera del beso/
la estrella que se fija en mis palabras/
resplandeciente vientre en que pudimos decir qué fue/
la piedra viva de la vida que se dijo será así/
yo quiero que me tejas con tus dedos/
otra vez en el filo desafilado de la hora/
amanecer/
ese amor puro cargado de silencio que se embellece de ojo a ojo/
y digo/
que había tanta fiebre acumulada/
ruiseñores abrazados de frío debajo de la lluvia/
los hicimos entrar y su boca de música cantó/
como si fuera sangre en medio de los cuerpos/
tu piel/
mi piel/
el temblor de las bocas que dicen al azar/
unos verbos tan claros como agua/
una turquesa honda/
el mundo de este amor/
tengo el brillo del tigre que se durmió en mis piernas/
inapagable pliegue y escribo en las luces de esta tarde/
que sí/
que quiero/
que el animal de rabia se deja acariciar adentro de mi alma/
y va por mí/
te beso las hormigas de la espalda/
y digo otra vez/
empieza la dulzura/
a veces olvidamos/

Desperté puro cuerpo y la lluvia

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El deseo de la lluvia brilla en la oscuridad como una mano suave que buscar acariciar la superficie retraída del paisaje que canta.
Hay pequeños alivios al pie de los árboles que surcan el camino.
Alondras entre las hojas verdes del invierno que sueña primaveras.
Alondras entre la sal del viento atravesada de lado a lado por una flecha aguda disparada entre horas.
La clara voz se va como una piel sobre la marea de las palabras que cesan su marejada tormentosa para separar el verbo del corazón y dejar que la sangre se amanse, se arremoline y venza al fuego.
La vida vira de lo que quiere a lo que puede y tiembla -certera- sobre sus lágrimas.
Es un saber que sabe que no sabe, pero intenta.
Otra vez más.
De este lado del vidrio, la ventana es un agua profunda donde sumerjo mis animales para que naden libres los días que me faltan.
Los niños de mis sueños han reído con toda su belleza.
Y desperté puro cuerpo y esperando la lluvia

Algo así

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Así como que bajen arrabales desde dentro del alma.
Así como que sobre sol, cuando cierro los ojos.
Así como que no haya piedras que taponen los nudos.
Así como que esta noche se salve y se abran de repente, uno a uno, los colmenares que perfuman la luna.
Así como que suba paredes el amor y vea desde arriba las palabras perdidas, como que cese el viento y se vean los peces, como que se arrojen de cabeza los miedos en el piso y la balanza caiga de un lado o del otro, pero caiga.
Así.
Algo así.
O de otra manera.
Pero que sea algo
y yo con ello,
atrapada en la red de la tarde dormida.
Así,                                                                        
bailando en el aire    
la danza de los justos que dice que sea algo.
Algo así.
El germen de otro sueño.
La vigilia del tiempo.
La flor de la belleza.
La falla de mis nombres.
Mi desnudez vestida.
Mi tibio corazón.
Así.
Como si fuera algo.
Algo así.

Móvil de Juliana Bollini

Cosas poco prácticas

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(c) Juliana Bollini Sé pocas cosas y todas poco prácticas. Cualquiera diría que no sirve para mucho atravesar la niebla del otoño con los ojos abiertos, o zurcir amapolas de hojas desgarradas. Quizá tampoco mirar por las ventanas de los trenes el tamaño del tiempo que es la luna o escuchar la piedra que mella las palabras. No sería de puro pragmatismo conocer dónde queda esa calle que es ávida de puertos, o el sitio exacto donde se impide el paso del dolor otra vez, o el aire del amor que dibuja la muerte. Y sin embargo tiemblo como un fósforo en medio de la lluvia y no entiendo por qué.

Qué simple es

La suavidad del verbo adelgazado en letras.
La madera que es más sutil que el tiempo.
Los perros que ladran en el alba.
Los corpúsculos brillantes de la nieve.
La tarde del silencio que se abisma.
Los libros del deseo escritos en la luz.
La voz con el borde del abrazo del árbol.
El caballo que se esconde en el viento.
El cantar casi río.
El cuerpo casi carne.
El beso casi fuego.
El amor.

Qué simple es.


El Roca/ Por la tarde

Los pájaros bajan en picada al borde de los vidrios del tren detenido en la estación. El sol llueve sobre los recodos donde la sombra se guarece y busca darle sentido a lo que aún queda escondido en las raíces de los árboles como si fuera un pequeño tesoro, tan diminuto que cabe en un pañuelo plegado. A través del viento envío una palabra porque, a ciencia cierta, creo que no conozco ninguna otra cosa. Todo se resume en esa verdad: cristalina como la gota de oro que el sol sacude ahora que el tren se ha puesto en marcha. Después estiraré la hebra para zurcir la vida con aguja de plata y mis dedales de madera pintada cantarán la melodía que he sabido enseñarles. El tren cruza los bordes mientras cae la tarde, mojada de luz detrás de las ventanas. Se carga de agua el andén de la estación: llueven rayos solares otra vez.

La amiga

La amiga estacionó el auto en una vuelta, sacó dos tazas con flores de colores  y un termo verde. Al lado, un policía bajó del auto y abrió el baúl. Se ajustó el revólver negro y la caja con las balas. Ella pensó que era justo lo que necesitaba ver: alguien ciñiéndose un arma lista para matar. El resto del paisaje era un plaza fría, el puente para cruzar las vías y una calesita detenida. Miró hacia el frente. El policía cerró el baúl y la amiga sirvió el té. El auto se llenó de un olor fresco y salvaje a té: negro, sin azúcar. Las palabras fueron vertiéndose a la par del líquido: una taza, dos tazas. Pero no se quedaron trabadas en el interior: por la ventana entreabierta las palabras salían y eran pájaros azules desenredándose entre las ramas frías hacia el cielo gris; eran pájaros volando sobre los trenes que iban y venían sin cesar; eran niños que se trepaban a la calesita que comenzaba a girar. Después, cuando ella emprendió el regreso, en el atardecer dorado, las palabras se hici…

El amor tiene rodillas rotas

Pongo mi corazón alucinado en esta taza.
Y le echo agua hirviendo para que se haga una tisana con esas plumas nuevas. Dicen que la infusión de plumas de corazón alucinado son capaces de revertir el sentido del viento para que salga el sol sobre las últimas praderas que han sido tan lluviosas. Ya estoy bastante anciana. Y tengo los párpados cansados de verme repetida al infinito. ¿Será esa la deuda con la muerte o habrá otra forma para salir del laberinto? El corazón alucinado bulle en el agua que hierve y llena el borde de la taza, pero no puedo verlo. Todos mis ojos están puestos en la forma que asume la verdad entre puntada y tela. ¿Por qué volver del sueño cuesta tamaña sangre? ¿Por qué no puede ser más simple la tormenta en el mar que, ciegos, navegamos? Lo que mi corazón alucinado en agua hirviendo dice es que quiero creer, quiero estar viva, quiero negar esta vez el abismo: el mío personal. Atrás gritan las viejas bocas las palabras de siempre. Y el futuro es una niebla de sapos…

Grupo de familia/La herencia del dolor

Antes o después, el dolor siempre tiene herederos.
En estos días había pensado escribir con palabras tan dulces que fueran capaces de mitigar el pasado, como si los días vividos pudieran, si no borrarse,  dejarse limar en sus punzantes asperezas.
Y entonces sucedió.
Dos o tres líneas y cayó esa herencia en la que siempre tengo la forma desgarrada.
La luz severa y sin resquicios para colar la vida.
Buscar consuelo donde hay otra muralla y darse la cabeza con las piedras hasta ver cómo sangra y pensar en las máculas, los signos, los estigmas, la trasnochada sombra.
Un viento blanco que trae la vergüenza de andar pidiendo amor de puerta en puerta y que nadie se abra.
¿Quién corrige la hora de esa fiesta en que éramos niños y supimos mirarnos?
¿Quién vuelve atrás la vida que navega en la letra?
El asesino de las planicies ha muerto hace años.
Y sin embargo acecha en dos o tres palabras.
Ya se ha dañado el día en que pudimos decirnos la suavidad enternecida del recuerdo.
Cada vez el círcul…

Vos, en tu mesa y yo.

Alrededor del sol damos la cuarta vuelta y se hace tarde la tarde con sus luces carmines delante de la casa. Arde en líquidos tibios el amor que circula por las venas del agua. Vos, en tu mesa y yo, sobre mis libros. Los perros durmiendo vidrio afuera y la gata que corre y juega con su sombra. Es clara vida, de pronto. Como si fuera hilos que se tejen y pasa el aire frío de un otoño que se empecina en apurarse hacia este crudo invierno. La taza de mate cocido, el comentario en esta u otra lengua que habla del amor sin que diga su nombre. Y después esa luz: estrellas diminutas que encienden en la cena, que arropan el sueño, que hacen de resguardo. Yo venía pensando que se sortean vientos y nacen mariposas, que se deshacen nudos y crecen amapolas o anémonas violetas y después las palabras se ovillan en la cama, se duermen en el cuello, detrás de la cabeza y arrullan en su sueño los sueños que tenemos cuando estamos despiertos mientras la casa late como una enredadera en medio de los cri…

De calle

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En la intemperie
afuera de los odios y la vida
sobre una superficie helada y transparente
en asambleas donde se rompen los pedazos
manantiales de alas desdichadas
con una manta de ojos que no miran
en el borde
sin órganos que entibien
en el despliegue del aire
en el insípido recuerdo de una mesa
con los cuchillos gastados de la muerte
solo
un amor que calla
y los restos humanos que lo rozan
oscuros hacia el suelo
y luego yo
que no termino de decir
y mi esperanza no pasa frío y duerme en una cama y come lo que quiere
abandonamos a la gente y vamos sin volver
en la intemperie
afuera de los odios
y la vida
que cava un horizonte
y se sumerge
para no ver
para hacer fila y espantarse
en la intemperie
donde el camino se bifurca
y se hace negra noche y helada y transparente.

Doscientos veinticinco días

A esta hora la noche se cerró en sus silencios ensimismados.
La violete, dijo Maïa y, temprano, la imaginé envuelta en gasas con las que oculta el misterio de una niña que comienza a hacerse mujer.
Pequeños aleteos de mariposa contra la línea roja del amanecer.
Ahora el frío trae su bruma polvorienta y mi deseo de la nieve que vuela como luna deshilachada sobre las casas, mientras levanto el cuello de mi abrigo solo para que ocurra otra vez.

acuaticas.blogspot.com

La escuela. Las clases. Los libros. Los chicos. El hijo. El hombre. La casa. Los viajes. Los trenes. Las salsas. Los panes. Las tortas. Las mesas. La novela de Gómez. Y el país, el inmenso país que se cose a tajos y se descose a golpes. Y yo, ahí, junto a los bordes, sin ver mirando, sin llorar a los gritos, sin escribir. Con todas las palabras purulentas pugnando por salir para que vuelva a ser como era antes yo, la escriba de los días infinitos con el alba zurciendo la mañana para que no se caiga ya. Bastante abismo nos inunda como para elegir callar.

color gris Perla

Algo como una tristeza ha atado el día y nunca supe qué.
El soplo, el abrigo, la claridad dolorida del otoño que se queda dormido con la lluvia.
Un silencio que alguien se dejó abandonado y una soledad con los cristales rajados.
Antes o después los límites descoloridos de las sensaciones
y una ausencia que pregunta dónde está.
Un espejo roto en alguna estación perdida del conurbano en penumbras
debajo de los puentes donde crepita el desastre y la pena.
Qué lento es el amor:
se cansa de que sus ciclones no puedan contra las vacilaciones de las heridas que ya no sangran, pero están aún ardiendo debajo en vendaval.
La infancia es una mano pálida que espera que yo pueda decir esa palabra mágica que despierte pájaros dormidos en la belleza tal vez.
Acaso sea cierto que en este día largo nada puede tener sabor más que a temblor.
Un color gris Perla cae sobre los árboles
y no puedo entender en qué raíz debería buscar.
A veces la dulzura puede tener un rostro cruel.

Fosas/ a 40 años del Golpe militar de 1976

Hemos cavado en el aire,
en el agua que iba corriendo para allá,
en las cucharas de té puestas junto a las tazas.
Hemos cavado en los lápices,
en los renglones perfectos del cuaderno,
en las páginas de los libros abiertos.
Hemos cavado en el fuego,
en la pila de toallas, en las sábanas,
en el espacio ínfimo que queda en un abrazo.
Hemos cavado en las plumas mojadas de los pájaros,
en los pelajes feroces de los perros,
en los dientes agudos de los gatos.
Hemos cavado de pie,
llorando las lágrimas heladas de la ausencia,
riendo la risa de las marchas,
al infinito,
en nuestro mudo cuerpo,
para entender, por fin,
que con vida los arrancaron en el silencio de la noche
para perderlos del hilo de luz que sosteníamos
y ya no están
y la memoria es un farol con que alumbramos aún las bocas del infierno
para que algún día regresen a bailar, cantar, marchar
en andas, en nuestros brazos que se anudan
y los seguimos esperando.

Nómade

Ahora me doy cuentade que hay una gramática en estos cuartos que todavía desconozco de que se me escurre la combinatoria de los sonidos y la forma en que el sol se refleja a las cuatro sobre el ángulo agudo de los vidrios.  Tengo una vida en tránsito, un movimiento infinito que carece de todo sustantivo y no soy yo con tanto verbo sobrándome al costado.  A esta hora, a solas en la casa, me deslizo entre palabras todas: hiedra, dichondra, canto, lluvia, raíz, silencio.  A esta hora,  a solas en la casa, bebo lenguaje que iré perdiendo a lo largo del año en mi periplo nómade y ausente. El regador estrella sus gotas contra el muro y las turgentes plantas se las beben.  Yo me dejo mojar hasta que cambie el día y me vuelva a habitar.

No hoy

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No hoy.
Mermelada no hoy.
Mermelada los demás días.
¿Y los demás días?
Los demás días no hoy.
No mermelada.
No palabras.
No tiempo.
No hierba fresca.
No pájaros.
No agua.
No conejos bailando.
No meriendas de locos.
No reinas rojas.
No hoy.
El tiempo es los demás días.
No hoy