lunes, 16 de mayo de 2016

Doscientos veinticinco días

A esta hora la noche se cerró en sus silencios ensimismados.
La violete, dijo Maïa y, temprano, la imaginé envuelta en gasas con las que oculta el misterio de una niña que comienza a hacerse mujer.
Pequeños aleteos de mariposa contra la línea roja del amanecer.
Ahora el frío trae su bruma polvorienta y mi deseo de la nieve que vuela como luna deshilachada sobre las casas, mientras levanto el cuello de mi abrigo solo para que ocurra otra vez.

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