sábado, 27 de agosto de 2016

La ventaja de las tazas rotas

Si alguien te regala una taza, entera y perfecta, con su asa correspondiente y su porcelana intacta te habrás conseguido un problema: velar por que la taza -seguramente con grabados azules- no se rompa. Será tanta la belleza de tu taza que estarás a cada segundo cuidando que permanezca intacta en su esplendor inmaculado. Tu vida se volcará adentro de esa taza, girará en el borde de su boca para que continúe siempre y desconfiarás hasta del golpe de aire que te permite estar viva por miedo a que desaparezca para siempre.
Pero si, en cambio, tenés entre las manos los pedazos de lo que ha sido una taza completa, no te queda más que la felicidad por delante. De los trozos de algo roto, con paciencia y esfuerzo, puede volver a armarse algo a lo que seguramente le falte el asa y desnude sus grietas. Los líquidos gotearán por las rendijas que no han quedado bien soldadas, los grabados no encajarán el uno con el otro, la porcelana tendrá máculas y huellas. Pero habrás hecho de los restos una taza imperfecta, algo único y tuyo. Y lo más valioso es que ya tenés la seguridad de que si vuelve a romperse sabrás qué hacer con los pedazos para seguir bebiendo.

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