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Mostrando entradas de septiembre, 2016

Palabras (1)/ La lengua del malón

Opaco: Ponele tres millones de estrellas mirándolo y no, no te refleja ni la milésima parte del brillo de media. Nada que hacer. Opacidad: Una sensación, apenas. Una lucidez que no se define y va. Depende de su propia densidad para que la luz se abra paso con fuerza o tal vez con libertad o quede atrapada en su propia maraña de moléculas. Así, como si fuera un ópalo cuya constitución de agua varía y el agua es ese espejo de la luz. Más luminoso ahora que empieza a amanecer.
Brindemos por los sustantivos abstractos para que de una vez por todas y en este instante le den muerte a todos los adjetivos que se empeñan en fosilizar con la calificación

Madre (2)/ Rebelde me puse después

Ella me ponía una caja en las manos, abría la puerta y me mandaba a la farmacia. Yo ponía mi mano en el picaporte, y, al entrar, le decía a la farmacéutica que venía a aplicarme una inyección. La mujer me hacía pasar, me acostaba en la camilla y me bajaba el calzón blanco. Me pinchaba con una aguja descomunal, yo le pagaba y volvía a la casa rengueando de dolor.
(Nunca recordé esto hasta que mi madre lo contó en una mesa donde tomábamos un té. Mirándome fijo agregó: "A los tres años eras una hija muy obediente. Rebelde te pusiste después).

La infancia es una estepa brumosa en la que los lobos siguen aullando aunque me tape los oídos. Desde entonces evito las agujas como quien huye de la peste que hace caer trozos de cielo azul. A veces me encierro a llorar en el baño por lo que fui obligada a transitar sin una mano de donde tomarme para saltar. En las noches oscuras del desamparo adulto vuelvo a creer que las pesadillas están ahí, clavadas en la tundra helada de los pocos años. A…

Madre (1) /Espera

Llevo una vida
esperando.
Hace dos años que mi madre ha muerto
y yo espero
lo que nunca tuve:
su mano acariciando uno por uno mis cabellos hasta dejarme dormida.

Cerca/Muñeca de papel/

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Cruzo el encaje de papel.
Apenas.
Casi.
Detrás del aire
ella respira.
Veo su corazón incandescente
como una flor dormida en toda oscuridad.
Cruzo las llamas.
Ella me mira.
Veo sus ojos transparentes
como animales nadando en los ríos.
Cruzo las piedras.
Apenas.
Casi.
Detrás del cielo.
Veo su pelo de noche repentina.
Cruzo los sueños desvelados
los sueños que fosforecen con estrellas
los sueños con palabras encerradas.
Y yo me quedo acá
tan cerca como puedo.
Apenas.
Casi.
Pero acá.

Curso desnudo

Seguir el curso desnudo de la letra,
perder el recoveco  y hallarlo unos instantes más abajo,
mojar la pluma en esa tinta de sí que no conoce,
mezclar los sustantivos del deseo,
uno por uno
y en alfabeto extraño.
La página en blanco volcada de la sábana:
agua de rito, celebración y cántico olvidado;
la pierna extensa donde se muta el alma por un roce;
lo que se fue hilando la fiebre del momento;
lo que vendrá con el amanecer en que se frota el mundo y aparece.
Ahora: pensamiento imposible que te cubre.
Ahora.
Otro compás de espera
mientras mi cuerpo te escribe y te nombra.

Un viaje: -101 días

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Ella extiende el mapa: una pantalla que titila y pone imprimir. Ahora apoya el papel en la mesa y piensa . Todo empieza siempre en París -de una u otra manera- hay allí una especie de ombligo del viaje que no puede eludir. Y luego un tren, como no podía dejar de ser. Ve una valija magenta, la Gare de Lyon y tres horas hasta Saint-Charles. Llegar, abrazar, besar, abrazar, volver a besar y caminar por las callecitas hasta Saint-Hilarie. Después será visitar Saint-Cannat, y la mesa tendida el 31 con esa parte armenia de mi familia con la que seré feliz. ¿Y después? ¿Qué viene despues?, piensa ella. ¿Buscar la belleza de los relatos en las calles? ¿Caminar por las calles originarias de Génova con una niña a la que debe transmitir la herencia de una palabra que a veces se diluye? ¿Ver a Jorge Luis en Ginebra y leerle algún poema para que me recuerde? ¿O seguir la huella de un rey en Aquisgran? ¿Subir al Mont-Saint Michel cuando la marea baje? ¿Internarse en las calles de Bruselas y las de…

Un viaje: -104 días

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Viajar: salir de sí.
Dejar atrás las tazas conocidas en la mesa, los saleros cascados en el borde preciso, las fuentes, los armarios...
Dejar atrás la luz que entra en el cuarto a las 11:37, el doblez de la sábana, la voz que dobla en ángulo , la parra que se cae de madura.
Dejar atrás ir y venir cruzando la ciudad, los libros que no tienen lugar donde guardarse y crecen como plantas en un bosque lluvioso.
Dejar atrás la circunstancia en que nos ahogamos a cierta hora precisa de estos días.
Ir hacia otros colores, diferentes aromas, ignotas tierras, desconocidos mares.
Ir hacia días helados para buscar la huella de quién sabe qué cosa.
Ir hacia niños (actuales o pasados) que aguardan los abrazos y los besos.
Ir hacia viejas ciudades de nombres luminosos y en cada parada esperar otro recuerdo que quiere construirse, otras palabras.
Viajar: un periplo de días en que se sale solo para volver a hacerse y regresar distinta: más rica de imágenes, de aire, de lenguajes.
Viajar: un dibujo de fuego labr…

Esas otras que ya no puedo ser

En otro lugar, a esta hora, el sol está cayendo entre mis manos.
Allí son apenas las siete de la tarde y el espectáculo del mundo es amarillo sobre un borde de agua.
En ese mismo sitio, mi corazón palpita como un pájaro que canta
y hablo en otra lengua el verso de otro amor que no conozco.
Mi voz es una suave música de tonos prolongados
y allí mis piernas huyen despacio -no como aquí que corro sin descanso-.
En ese otro sitio ya no tengo impaciencias; pero me habita una misma nostalgia que teje idénticos dolores.
No hay nada que termine en ese otro allí.
Muda, mi boca suspira entre los dientes
y el mar es agua tan profunda que estremece.
Hay fuegos en las islas lejanas
y abriga a la distancia una cadencia de primaveras otras.
A veces tengo ganas de llorar, como ahora y aquí:
ha de ser la azul melancolía de todas las mujeres que ya no puedo ser: la bella,  la dura, la cuerda, la de curvas sinuosas, la generosa, la dulce, la que nunca se asusta, la que no escribe nunca, la silenciosa.
H…

No te condenaré al silencio

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Porque las palabras son colibríes que flotan sobre el perdón y arrastran los fragmentos de la inquietud entre vacío y vacío, no te condenaré al silencio. No sé aún el color exacto de lo que se percibe y nos acerca y nos aleja; pero hablamos y las letras brillan en la pantalla con su canto de sombras. Los restos quedan vagando en lo inefable, lo que no nos decimos y el punto agudo en que la belleza nos debilita y nos hace llorar. Transito por vestíbulos que desconozco y me queman mientras la luz muta en la naturaleza de un nuevo conocimiento hacia el cual no sé si deseo avanzar. Pequeñas partículas de brisa fresca, piedras amanecidas y pegoteadas de preguntas  no me dejan dormir. Antes o después iré caminando hacia los grillos de la noche y ellos me hablarán con esa voz densa que existe en otra realidad. Una parte me desconoce y otra me acepta como cree que soy. Hay una boca que me nombra y me toman el alma los fantasmas antiguos del temor. Lo demás transcurre solo en el ámbito cerrad…