domingo, 25 de septiembre de 2016

Madre (2)/ Rebelde me puse después

Ella me ponía una caja en las manos, abría la puerta y me mandaba a la farmacia. Yo ponía mi mano en el picaporte, y, al entrar, le decía a la farmacéutica que venía a aplicarme una inyección. La mujer me hacía pasar, me acostaba en la camilla y me bajaba el calzón blanco. Me pinchaba con una aguja descomunal, yo le pagaba y volvía a la casa rengueando de dolor.
(Nunca recordé esto hasta que mi madre lo contó en una mesa donde tomábamos un té. Mirándome fijo agregó: "A los tres años eras una hija muy obediente. Rebelde te pusiste después).

La infancia es una estepa brumosa en la que los lobos siguen aullando aunque me tape los oídos. Desde entonces evito las agujas como quien huye de la peste que hace caer trozos de cielo azul. A veces me encierro a llorar en el baño por lo que fui obligada a transitar sin una mano de donde tomarme para saltar. En las noches oscuras del desamparo adulto vuelvo a creer que las pesadillas están ahí, clavadas en la tundra helada de los pocos años. Apenas tres. Porque rebelde me puse después y nunca me supe detener. 

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...