La herida de lo faltante

En la mañana, silba a un lado y otro de los pájaros para que la verdad haga su nido y regrese la hermosura por debajo de todo mal. 
Va por la casa persiguiendo el perfume del tomillo para cubrirse la herida de lo faltante y descansar. Sabe que, en espacios pequeños, entre los brazos, casi es seguro que pueda sonreír. 
Pero conoce que, en los regresos, siempre habita el temor. 

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