Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2016

Una media corrida

Imagen
La invité a tomar el té. Correspondía.
Vino puntual. A las 17.  Ni un minuto antes ni uno después, tocó el timbre y acá estamos, sentadas en sillones de terciopelo, a uno y otro lado de la mesa vidriada repleta de comida que nadie toca y que, con el correr de los minutos, va ajándose justo a la altura de nuestras rodillas. Hablamos de cosas intrascendentes: la humedad, el clima, los viajes de verano. Ella tiene corrida la media. Sabe que la he visto porque intenta bajarse la falda demasiado corta que se ha puesto para impresionar no sé a quién. Acá estamos ella y yo; y a mí no me conmueven, especialmente, los muslos cortos y gruesos de mi invitada a tomar el té. Pero no puedo quitar los ojos de su media corrida: un agujero imperceptible arriba de la rótula que se pierde en una carrera hasta desaparecer debajo de la falda color marfil. Ella y yo sabemos por qué estamos tomando el té, acá, esta tarde de viento que ha comenzado a ponerse gris. Ahora intenta ocultar la corrida hablándome…

Perra

Doy vueltas como si fuera perra hasta hallar un lugar que sea confortable a mi memoria, un lugar para la hostilidad de un año que se acaba. Y mi girar canino me deja debajo de una lluvia que empezó hace rato y no cesa: sigue cayendo helada en mi alma de perra que vaga por las calles buscando un hueso donde poder quedarse, deseando un techo para sus patas peladas por las calles. Soy una perra solitaria y desnuda debajo de la lluvia. Tengo partida el alma: cosida a machetazos. Aúllo en los rincones para que nadie sepa, pero la calle es larga, interminable y otra. Y el horizonte, una tangente por la que nadie escapa.