domingo, 27 de agosto de 2017

Santiago/ Hace un mes

Hace un mes, 
hoy, hace un mes, 
Santiago Maldonado no sabía.
Desconocía que sobre él volaba una noche mortal en que el bien se paraba, ni que todas las formas del amor le quedarían pendientes en el debe, ni que abandonaría los pájaros verdosos de sus ojos sobre el río. 
Él no sabía.
La llama se agotaba en su pabilo oscuro y crecía el silencio como una manta corta de talveces.
Había que apurarse/ Era un tiempo de sangre/ de perversión/ con pequeñas y densas claridades cada tanto.
¿Qué había entre el silencio y la vida?
¿Por qué cierran la boca las bestias infinitas de la pena?
El aire pasa con la pesada cadencia del pasado.
Es que hace un mes Santiago estaba vivo.
Y se reía.
Y después lo volteaba violenta una tarde sin lengua.
Y nadie dice nada.
Más que nosotros que seguimos ¿libres acaso de nuestra propia lengua?
Nos negamos a poner el alma de Santiago en la balanza de Dios porque sus manos fueron libres a la ruta y de ella han de volver igual de liberadas.
Es hora de que digan adónde mierda lo tienen a Santiago, ahora, vivo, como hace un mes, vivo.
Buscamos la verdad para abrigarlo en toda su intemperie desmadrada, para que callen los perros y se tiña la luna, para que se descuelguen los pájaros del cerro.
Quién puede avisarle a Santiago que la muerte lo ronda como un toro sediento.
Que se cuide hace un mes.
Que proteja su risa.
Que nos deje una huella para ir a buscarlo para decirle con nuestra lengua rota que no le pasa nada, que se ha perdido apenas y que venimos cantando como hace tantos años para traerlo de vuelta del infierno como a un hermano.
Que nos digan dónde lo tienen así vamos marchando detrás de la esperanza y de la lluvia
porque nadie se queda en un río que corre.
Esto es así y no se llama muerte.

lunes, 21 de agosto de 2017

¿Y Santiago? (2)

Si me ocurriera
una silueta fugitiva
una amargura que se escapa
un animal corriendo por la estepa,
preguntaría qué hicieron de tu vida.
Los huérfanos de lengua y de memoria no contestan.
Se olvidaron que crecen arrabales con la furia
y hay que matar al asesino caminando en las calles
con mareas de voces que irrumpan como pájaros en tu cuerpo que grita
en la región oscura de la muerte que no es porque no tiene boca ni voz ni huella.
Es difícil la noche, la ruta, los retenes...
y la misma pregunta que calumnia la vida
sobre la fortaleza sin fin de las heridas.
¿Dónde?
¿Dónde está?
¿Dónde está Santiago?
¿Dónde?

miércoles, 16 de agosto de 2017

¿Y Santiago?

¿Y Santiago?
¿Adónde está Santiago?
¿Dónde su cuerpo, su corazón, su boca, sus pulgares?
¿Dónde sus húmedos recodos en que soplaba el viento?
¿Qué hicieron de la sombra de sus hojas?
¿Qué hicieron con sus páginas vacías, su dolor esquivado, sus pocas certidumbres?
¿Qué hicieron con su pecho, con sus muchos jilgueros?
¿Y nosotros?
¿Dónde estamos nosotros?
¿Dónde nuestras justicias barridas como perros?
¿Dónde nuestra marea, nuestros páramos rotos, nuestros pequeños rumbos?
¿Hasta cuándo diremos que dónde está Santiago, que dónde está Santiago, qué dónde está...Santiago?
¿Qué hicieron con nuestras cicatrices de memorias, las que guardábamos en libros donde anotábamos las cifras del destino y las batallas?
¿Qué hicieron con nosotros que soltamos espanto como piedras desnudas?
¿Qué hicieron como bestias con los cachos de sueños, con las islas de fuego, con la palabra nunca, con jamás, con verdad y justicia y memoria?
¿Qué hicieron?
¿Qué?
¿Y Santiago?
¿Adónde está Santiago?


sábado, 12 de agosto de 2017

Un domingo de fiesta

Una boca se ríe junto al destello en sombra del reloj.
Y dice, a carcajadas,
que el agua clara se perfuma de a ratos,
con zozobra,
con un miedo a desiertos salvajes que repiten que no.
Después la mano buscará el borde sin fin de la mañana
y se abrirá al vientre bondadoso
de los que traen el deseo del alba,
de otro mundo,
de un apretado cúmulo de voces con que partir de nuevo.
Porque es eso y ninguna otra cosa la lluvia que humedece el pacto del amor
que sopla sin mirar:
viento y semilla que cae para todos los que tienen tan limpias las pupilas
que lo comprenden
y se esfuerzan por ver
dónde le duele al otro
para aliviar con sus alas de gasa
la herida que rompieron las hordas
que todo lo quemaron,
que todo lo robaron,
que todo lo llevaron a desaparecer.
Y se desplaza el sol entre esos dedos:
que el amor no está roto y se viste de fiesta para poder volver.

lunes, 7 de agosto de 2017

Volver

¿De qué querré escribir
para que no me coma la niebla
ni me atrape el perdón que me concedo?
¿Qué vuelta le daré con palabras al galope
que me despierta cada noche
y me hace ayer el día venidero?
¿Con qué trampa engañaré a mis muertos
para que pueda yo quitarme el collar de sus hielos?
¿Cómo diré al incendio que llevo
que basta ya de quemar
como si fuera viento el mundo que lo alumbra?
Hago metáforas contra la nada
para que crezca el agua que brota al borde del lenguaje
y me alce en su vuelo
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