Hoy

Sin ir más lejos, hoy. Partirse la cabeza con un fierro hasta que sangre. Mucho. Es dulce y herrumbroso el gusto de la sangre cuando toca los labios. Total está la vida en choque esperando que yo escriba de una buena vez la tristeza que tiene la forma de este hartazgo. Una mancha de tinta demás entre los dedos y vuelve a empezar todo. Cuatro años oyendo las mismas frases idiotas que se acumulan por toneladas sobre todo en los impares. No hay traducción, apenas un cultivo del dolor en cuentagotas y el deseo de huir a un sitio donde cada uno estrene su lengua antes de desayunar. Incluso yo. Desastre y maravilla y desastre y maravilla y unos sutiles toques de destrucción. ¿A ver cuando pelamos la furia antes de que nos llegue la muerte definitiva y nos coma junto con los gusanos que supimos criar? Pero no, che, hoy parece que se trata de durar, de hacer hábito la mansedumbre y quejarse otra vez hasta del fósforo apagado en el pecho de un pájaro al que se le dio por volar. La página hoy es una superficie azul para empezar a remar. 

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