La mujer incorrecta

Yo no soy la adecuada.
Miro a los ojos mientras digo.
No soy fina ni delicada ni hablo susurrando.
Es cierto: a veces grito/ parece que reto siempre/ tengo impiedades sucesivas (si cabe, simultáneas).
Llevo tatuadas cicatrices amargas y cuando caen los rayos cierro todas las puertas para aullar en silencio.
Tengo una piedra en el alma y puesta al sol hay que hacer un esfuerzo para ver cómo brilla.
En ciertas circunstancias soy Casandra; en otras, una Medea en ciernes.
He intentado ser Penélope, pero para los pretendientes.
Soy un graznido y lloro muchos días...
la mujer incorrecta,
¡qué duda cabe!
Pero hay un sitio de mi cuerpo en que guardo una tibieza azul, hecha de muchos cristalitos y de algunos jilgueros; un campo de lavandas, un aroma de panes, una palabra suave, un abrazo extendido...la incorrección correcta que lava las heridas como el agua.
En ese lugar soy como el sol que no hace preguntas, un día claro con todos sus perdones, un mantel que se seca en el viento, una lengua que dice una isla de fuego, una huella que brilla con fulgores de niebla.
Ahí soy la voz del alfabeto que me escribo para decir que vengan a rescatarme de la incorrecta que tiembla bajo la lluvia, que desvistan la piedra de mi alma y la dejen al aire para que sane del amor que me hiere y los grillos me canten en el filo dormido de la noche en que baja la luna para que arrope el corazón deshabitado que llevo como sombra.

Comentarios

Paty Novela ha dicho que…
Gracias por éste y otros textos tan hermosos que escribe. Saludos desde Colima, México.

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