Hay una sombra larga

Hay una larga sombra en medio de la tarde.
Los árboles desnudos se doblan con el viento
y el monstruo que me habita pega gritos.
Miro por los cristales empañados.
Ya no llueve.
Debo matarlo o ignorar su alarido.
A veces hay solo dos caminos.
Los dos tienen su cuota de tristeza.
He quedado desnuda y sus garras me raspan la garganta.
Cuando vomite, él abrirá la boca para tragar mi alma.
El sol se oculta y me quedo pensando.
He doblado la ropa.
He lavado los platos.
He llorado mi cuota vespertina.
Debo matarlo o ignorar su alarido.
Y me encuentro desnuda y detenida en una celda.
Sola y mirando sus ojos desmedidos.
Hay una larga sombra en medio de mi tarde.
Ahora.
El viento.
El monstruo que me habita y sus disfraces.
La hora de la mesa.
Y el silencio vencido en que me muero en cada atardecer que no termina.
Y sigue hasta clavar su astilla en mi cuerpo que tiembla.
No quiero hablar.
Y no hago otra cosa que enredar las palabras cada vez más ceñido, cada vez más profundo.
Hay una sombra larga que me busca.
Voy despacio hacia ella.

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