martes, 10 de agosto de 2021

Ausencias

 Escribo.  

Una puerta hacia adentro: uno, dos, tres y todo está oscuro. 

A lo lejos, canta una niña. 

Me guío por su voz. 

Está sola. 

O no. 

Está con sus ausencias.

Entre sus brazos, una muñeca negra a la que le falta una pierna.

Entre los pliegues de su adentro su voz duerme a la muñeca negra,

y las ausencias,

como vapores diáfanos,

se acomodan para bordearla y dejan un espacio: bailan las motas de polvo en ese haz de luz que no veo de dónde ha penetrado.

La niña no me ve.

Soy la que está escribiendo, la única presencia, además de la muñeca negra.

Inventa paraísos con su canto.

Mientras yo escribo.

No sabe que la miro

y doy pasos atrás,

para no romper el vapor de luz y las motas bailando.

El aire se vuelve transparente 

y huele a pequeñas campanas de cristal 

como si algún ganado ignoto volviera de la hierba.

Escribo que dejaré abierto mi cuaderno y una vela encendida para sepan la niña y su muñeca negra que yo la estoy mirando, que yo soy su presencia en medio del vacío que la nombra y digo con mi lápiz que allí está mi mano en sus rubios cabellos y que en el aire escucho el eco de sus pasos charolados -que me los llevo para andar en todas y cada una de las ausencias que la nombran. 


lunes, 9 de agosto de 2021

Un hecho

¿Qué es un hecho antes del verbo? 
Pasa la ropa que cuelga de la soga, el grito que se estrella  (curioso firmamento el del insulto), una mano que cesa, y, antes de decirlo,  ¿qué hubo antes, cuando el aire estaba cuajado de primicias y nada sonaba como si fuera un hecho? 

¿Tal vez eran los trazos, bocetos sutiles del ahora, este ahora que se hace un coágulo imposible de espera, de andenes suspendidos que no llegan?

Hoy a la tarde me han regalado té y lo bebo en silencio. ¿Eso es acaso un hecho? ¿Lo era antes de que yo lo escribiera en mi cuaderno con mi letra redonda?

¿Será que haberlo dicho: un té, un regalo, lo ha llenado de sombras y de luces, de vapor y de dados de azúcar?

Y si el grito se estrella, ¿qué me queda del cielo si no puedo decirlo, si lo callo para llegar al mañana, pero ahora y salir a que la lluvia me pegue como otro planeta y todo, de una vez para siempre sea eso: un simple hecho?

miércoles, 4 de agosto de 2021

Basta ya

 A la noche, cuando esa voz pastosa se lanza en un triple salto mortal con dagas oxidadas para estamparse en mí ya no siento dolor ni tristeza siquiera. No por mí, al menos. Tampoco permanezco para ver el espectáculo y aplaudir en espera del segundo acto, al día siguiente, y que consiste en un monólogo griego reclamando piedad al coro por el horror de la noche anterior. Paso ya de la catarsis porque, brechtianamente, creo que no hay conciencia en este tipo de empatía identificatoria. La anagnórisis viene sucediendo hace rato y la peripecia está a punto de suceder. Para Erinias me alcanzan las de mi familia original. Y prefiero Molière a Corneille. 

sábado, 31 de julio de 2021

Disección

Ejecuto la disección con meticulosidad, 
como si estuviera disecando una rana que ya está muerta. 
La abro 
y miro 
cómo funcionaron sus tripas,  
                              su corazón que ya no late 
                           y su sangre coagulada. 
Busco entender 
dónde está el hiato que suspende la vida 
y la llena de muerte:
en esencia,
                     de qué se trata morir.
Porque, 
                 a decir verdad,
vos y yo
                                              hemos muerto
y lo que éramos
                             es ahora
esa rana abierta sobre la mesa en la que he apoyado el bisturí
                                                 para ver:
yo siempre quiero ver.
Dicen que,
                  para alumbrar palabras, 
hay que mantener los ojos abiertos.
Ha de ser así, me digo, mientras me mancho con la sangre negra de lo que ya no es ni será. 



 

viernes, 30 de julio de 2021

Desmontar

 Una casa es un engranaje que se monta, pieza por pieza, y que, engrasado como corresponde, fabrica panes, escuchas, liebres adobadas, susurros, luces de fuegos, lluvias, almohadas, humos, mediodías y noches. Pero, un buen día, al engranaje se le salta un diente y hace un ruido raro al rodar. Más tarde se gasta la grasa y en el frasco no queda nada para recomenzar. 

Los panes ya no levan, la escucha se hace sorda, la liebre se hace gato, el susurro es un grito, arden los platos que caen estrellados, se inundan las estancias con mentiras, las almohadas están rellenas con cuentos de Quiroga, antes del humo todo queda en cenizas y el tiempo se entumece sin querer avanzar.

 Entonces es el momento : hay que tomar la pinza y desmontar el engranaje, pieza por pieza, hasta que queden los fragmentos de lo que alguna vez supo andar.

lunes, 14 de mayo de 2018

Temporal /idades

¿Cuánto tiempo podré cerrar la puerta para que no entre la arena de la desesperanza para taparlo todo?
¿Cuánto costará en dos horas la pala con que sacar las ramas para que venga la lluvia y las moje?
¿Cuántos días seguirán los pájaros cantando hasta que se den cuenta de que no hay ni una miga para tanta alegría melodiosa?
¿Cuántas veces diremos que no era posible lo que está creciendo como una serpiente que pone huevos en cada mediodía?
¿Cuál será la mañana en que piense que no tenemos remedio y hunda el futuro con una cerbatana?
¿Cuándo cerraré los postigos y dejaré la casa, definitiva como una madrugada que despunta?
No hay modo de pasar el invierno que asoma porque hace tiempo que naufragó la primavera suave que teníamos y seguimos andando con la rutina de pies despellejados y ojos apagados.
Todavía.

Hay una sombra larga

Hay una larga sombra en medio de la tarde.
Los árboles desnudos se doblan con el viento
y el monstruo que me habita pega gritos.
Miro por los cristales empañados.
Ya no llueve.
Debo matarlo o ignorar su alarido.
A veces hay solo dos caminos.
Los dos tienen su cuota de tristeza.
He quedado desnuda y sus garras me raspan la garganta.
Cuando vomite, él abrirá la boca para tragar mi alma.
El sol se oculta y me quedo pensando.
He doblado la ropa.
He lavado los platos.
He llorado mi cuota vespertina.
Debo matarlo o ignorar su alarido.
Y me encuentro desnuda y detenida en una celda.
Sola y mirando sus ojos desmedidos.
Hay una larga sombra en medio de mi tarde.
Ahora.
El viento.
El monstruo que me habita y sus disfraces.
La hora de la mesa.
Y el silencio vencido en que me muero en cada atardecer que no termina.
Y sigue hasta clavar su astilla en mi cuerpo que tiembla.
No quiero hablar.
Y no hago otra cosa que enredar las palabras cada vez más ceñido, cada vez más profundo.
Hay una sombra larga que me busca.
Voy despacio hacia ella.