martes, 10 de agosto de 2021

Ausencias

 Escribo.  

Una puerta hacia adentro: uno, dos, tres y todo está oscuro. 

A lo lejos, canta una niña. 

Me guío por su voz. 

Está sola. 

O no. 

Está con sus ausencias.

Entre sus brazos, una muñeca negra a la que le falta una pierna.

Entre los pliegues de su adentro su voz duerme a la muñeca negra,

y las ausencias,

como vapores diáfanos,

se acomodan para bordearla y dejan un espacio: bailan las motas de polvo en ese haz de luz que no veo de dónde ha penetrado.

La niña no me ve.

Soy la que está escribiendo, la única presencia, además de la muñeca negra.

Inventa paraísos con su canto.

Mientras yo escribo.

No sabe que la miro

y doy pasos atrás,

para no romper el vapor de luz y las motas bailando.

El aire se vuelve transparente 

y huele a pequeñas campanas de cristal 

como si algún ganado ignoto volviera de la hierba.

Escribo que dejaré abierto mi cuaderno y una vela encendida para sepan la niña y su muñeca negra que yo la estoy mirando, que yo soy su presencia en medio del vacío que la nombra y digo con mi lápiz que allí está mi mano en sus rubios cabellos y que en el aire escucho el eco de sus pasos charolados -que me los llevo para andar en todas y cada una de las ausencias que la nombran. 


No hay comentarios: